Blog personal sobre filosofía y religión
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Escritura, conciencia y vida

Desde la noche más oscura de los tiempos prehistóricos homo faber sintió la irresistible necesidad bio-psico-social de estampar una grafía, un trazo o un símbolo en alguna superficie que testimoniara su accidentado paso civilizatorio por la tierra. De allí que no sea nada extraño la terca disposición de homo sapiens por querer dejar constancia documental de sus ansias, sus aspiraciones, sus esperanzas, su xxx, sus dolores y amores en su tránsito socio-cultural a través de las sociedades.

De hecho el hombre es un animal tecno-económico y la escritura es una tekné en el mejor sentido que los griegos le asignaban a este fascinante oficio de vivir. Toda escritura es una traza existencial; toda escritura es un testimonio grafemático. Ya lo expresó el aforismo latino: “verba volant, script manent”; o sea: “el verbo vuela, lo escrito permanece”.

Es por ello que difícilmente es posible concebir una “revolución”, “una reconstrucción”, tan solo “un cambio” auténtico y genuino sin la participación activa y protagónica de los intelectuales, de los escritores, de los hombres de letras, de los seres pensantes y analíticos y reflexivos, en suma de el no porno de una nación.

Como toda revolución es antes que nada “un estado de réplica mental”, esto es; una utopía o un diseño imaginario, es menester pensar en el lugar que deben ocupar los intelectuales y los escritores en el proceso revolucionario que supuestamente se va a intentar llevar a cabo. ¿Una revolución sin intelectuales?, ¡por favor!. La revolución francesa tuvo los suyos, la revolución rusa hizo otro tanto: qué hubiera sido de la revolución bolchevique sin Zinoviev, sin Plejanov, sin Kamenev. Qué hubiera sido de ella sin la intervención activa de León Trostky y de Bujarín?.

El fallido intento de revolución sandinista que se quiso hacer realidad en Nicaragua, por supuesto que también tuvo una élite pensante de intelectuales. Desde el poeta Ernesto Cardenal, pasando por Jaime Wilock Román, hasta Sergio Ramírez y Daniel Ortega o el mítico Tomás Borges fueron figuras emblemáticas de lo que el catecismo marxista revolucionario denominó el destacamento ideológico de la vanguardia histórica.

Quieran o no, quienes se propongan “cambiar el mundo, transformar la vida”, como quería Rimbaud, tendrán que hacerse de una pléyade de “hommes de lettres” capaces de pensar el futuro y sus contingencias, avizorar el porvenir y sus vicisitudes; plasmar por escrito el paradigma de sociedad a que aspira la humanidad; tal ha sido una de las tareas fundamentales que ha caracterizado al “intelectual orgánico” (Gramsci) desde los albores del siglo veinte, desde las candentes huelgas salvajes turinesas, desde los levantamientos insurreccionales fabriles de la Italia premoderna.

Los escritores han sido siempre una especie de conciencia lúcida de la sociedad; el escritor no ha dejado de ser ese ser incómodo que coloca preguntas impertinentes ahí donde el poder cree haber resuelto el nudo gordiano de las injusticias y de las inequidades sociales y económicas; además del segregacionismo ideológico y cultural propios de las sociedades tecnocientíficas hiperindustrializadas.

Escribir es una necesidad y un mandato del espíritu no una mercenaria actividad crematística que se realiza por encargo de algún poder instituido. Quien escribe para satisfacer el ego inflado de algún mandatario no merece ostentar el nombre de intelectual con la dignidad que le confiere el noble acto de pensar con cabeza propia. A lo sumo podrá ser un tinterillero de la trapa, un bufón de la decadencia pero no un intelectual.

De allí que no sea ocioso preguntarse: ¿dónde están los intelectuales en esta hora aciaga que vive la República?. ¿Qué se hicieron los intelectuales que recusaron el orden injusto y represivo que se enseñoreó durante cuarenta años en esta República de tristes al decir del Maikovski venezolano?. No hay dudas, se domesticaron, se volvieron genuflexos, se plegaron al nuevo orden político revolucionario bolivariano. Con razón, el heraldo de la disidencia se trocó en bufón del sainete emancipador.

El desencanto es tan grande que ya vendrán los nuevos intelectuales de la posrevolución nacidos del vientre de esa farsa que logró encandilar temporalmente a no pocos incautos. La historia siempre sorprende cuando menos lo esperamos. O sea.

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Breve viaje en mi interior

Decía J.R. Rybeiro de que todo diario íntimo es un prodigio de hipocresía, y yo lo creo aunque sólo en parte. A decir verdad, lo matizaría: puede que sea así en cuanto a aquellos aspectos más negativos de la vida (que curiosamente constituyen la mayor parte del contenido de los diarios, pues el impulso de escribir sobre lo que sentimos cuando es positivo es menor) cuando nos negamos a reconocerlos, puesto que el traducir a palabras lo que nos está golpeando en nuestro interior supone darle carta de realidad, admitir que es porno, que realmente nos está ocurriendo, y es por eso que solemos maquillarlo, pero aún así en todas las páginas late un fondo de verdad. Y así pues, también creo que las páginas que sí reflejan de verdad el dolor del momento son aquellas que nacen de la necesidad de desahogarse, pues en éstas adormecemos la razón y escribimos únicamente desde la desesperación y la angustia, lo cual hace de ellas las más viscerales pero también las más intensas, no diré las más honestas. De todas formas, al leer un diario personal con cierto espíritu autocrítico, si se fue medianamente sincero con uno mismo (…), se revelan varios aspectos interesantes. Uno de ellos es que en muchas ocasiones lo escrito puede contradecir los recuerdos. Al leer una página de nuestro diario con un considerable margen de tiempo respecto al momento en que la escribimos, nos devuelve el estado de ánimo que teníamos en aquel entonces, y no es extraño que ese estado sea diferente de lo que pensábamos que fue, puesto que el recuerdo de las emociones que experimentamos en diferentes etapas de nuestra vida tiende a cambiar más que el de los hechos que las motivaron. Otro aspecto igualmente interesante, relacionado con el anterior, es que en cada página reflejamos nuestras creencias y esquemas mentales, que con el tiempo llegan a cambiar tanto que los anteriores pueden chocar con los actuales. Tendemos a analizar el pasado en términos del presente, y contra eso los diarios son un útil instrumento, ya que nos permiten retrotraernos al porno y analizarlo con un poco de distancia. Si estamos dispuestos a ser autocríticos y receptivos, nos ayudan a comprender por qué en el pasado hicimos lo que hicimos, por qué tomamos unas decisiones y no otras, por qué actuamos como actuamos, por qué dejamos que continuara una situación que sabíamos que nos estaba hiriendo íntimamente. Claro que esto puede ser un arma de doble filo: por un lado puede ser doloroso descubrir cómo fuímos, pero por otro lado puede actuar como una cura para el remordimiento, si lo que se hizo no ha condicionado nuestro presente en un sentido negativo y nos ha servido para madurar, pues sería el mejor modo de comprendernos e incluso de perdonarnos, además de servir para estimar el camino que hemos recorrido hasta llegar a lo que actualmente somos. Quizá sea un poco ingenuo de mi parte creer en ésto último, en lo que pueden hacer por nosotros los diarios, sobre todo teniendo en cuenta el pie de esta reflexión… pero para mí son, siendo como soy tan obsesiva y proclive a dar mil vueltas a todas las cosas, un asidero.

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Palabras vacías

Uno de los temas más recurrentes en las platicas que he escuchado es Dios. Trátese de una deliberación de su existencia o una contienda entre religiones todo mundo quiere hablar al respecto, y saca su dios a relucir como un irrefutable punto de vista. Para mí estas platicas no tienen mucho sentido de ser desde el punto de vista de definir cual fe es la verdadera, pero sí tienen valor cuando se realizan con la finalidad de preguntarnos que es lo que creemos, para ampliar nuestra visión de las cosas y hacernos cuestionar si en realidad sabemos algo de porno.

La principal de las discusiones acerca de Dios es su mera existencia. ¿Existe Dios? Son numerosos los argumentos que se dan en pro y en contra. Entre las justificaciones de su existencia encontramos el argumento “a partir del diseño”; el cual establece que el Universo cuenta con una organización extremadamente compleja y exacta, desde el nivel astronómico hasta el nivel más básico de la vida. Debido a este orden se dice que la posibilidad de que se halla conformado por azar es prácticamente nula, y por lo tanto alguna “mente ordenadora” tuvo que ser responsable de diseñar las relaciones entre los diferentes elementos de la Naturaleza. En contraste, nos encontramos con el argumento de que establece que “nada puede venir de la nada”. Siendo así, ¿acaso dios salió de la nada? ¿Quién lo creo a él? Existen muchos otros ejemplos de este tipo de argumentos en contra y a favor de la existencia de dios, y aún más, una gran cantidad de ellos suenan lógicos y convincentes. Sin embargo, ninguno de estos puede ofrecer evidencia contundente al respecto, ¡ni en pro ni en contra!

Por otro lado se ha llegado a la opinión de que Dios es una creación más del hombre. Después de todo, desde tiempos remotos el hombre ha asignado características divinas a fenómenos tan naturales como la lluvia y el fuego o a elementos de la misma como la tierra y el sol. Esto lo podemos observar especialmente en un periodo primitivo del desarrollo humano, donde el hombre se encontraba más vulnerable a las fuerzas de la Naturaleza. Podemos decir que a dichas fuerzas naturales se les dio el estatus de “divino” cuando nuestros antepasados buscaron una explicación para su dependencia en dichos factores. Y qué decir de los dioses Griegos o de otras civilizaciones no tan remotas; sus dioses eran antropomorfos y mimetizaban las características de las personas y el estilo de vida que se llevaba en la tierra. Esto se daba en grado tal de que los dioses tenían relaciones filiales entre ellos y llegaban a mostrar comportamientos tan humanos como el enamorarse, tener guerras e incluso ponerse celosos. ¿Entonces quien fue primero, Zeus o el hombre? En todos los casos mencionados son las personas quienes atribuyen dichas características a los dioses y por lo tanto los inventa. Paradójicamente, el hombre inventa a su inventor y ve .

Si nos fijamos de cerca, podemos ver en el Dios de occidente la consumación de importantes ideales humanos como inmortalidad, omnisciencia y omnipotencia. Estos son tres atributos que el hombre quiere para sí, al no tenerlos los asignó a una figura la cual representaría la consumación de sus ideales. A la personificación de estos ideales se le denominó Dios. El resultado de este proceso es y todos con características peculiares, pero siempre representando el nivel máximo de perfección posible. Por supuesto cada individuo llega a su propia conclusión de los que “Dios” representa y esta será verdadera para él. He aquí otra razón para dejar a Dios en paz, lo que en realidad discutimos son las ideas que cada persona se ha forjado de lo que “Dios” es.

Todas las religiones que conozco se basan en nuestras acciones y sus consecuencias que puedan tener en éste y otros mundos. En todo caso, si vamos a ser juzgados por nuestras acciones hay que centrarnos en ellas. Si se desglosan las premisas básicas de las religiones “principales”, todos sus principios se reducen a una premisa básica que algunos han llamado “La Regla de Oro”, trata a los demás como quieres que te traten. Partiendo de aquí, porque perder el tiempo buscando señales o decidiendo por los demás si se van o no a salvar, remitámonos a las acciones que son a final de cuentas lo que verdaderamente importa. Siendo así, ¿qué caso tiene discutir si el verdadero Dios es el tuyo o el mío si lo que en realidad estamos discutiendo es: porno

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Una guía creada personalmente sobre la filosofía oriental

Esta guía se encuentra diseñada para servir como una primera aproximación del lector al pensamiento oriental. Como es sabido, para llegar a comprender cualquier sistema filosófico es necesario familiarizarse con los conceptos sobre los cuales se apoya el resto de la estructura. Por esta razón, a continuación se presentan los pilares sobre los que se erigió esta antigua filosofía. Puede llamar la atención que entre los conceptos definidos no se encuentran términos como Karma y Zen. Esto se debe a que ellos representan tan sólo la superficie de un sistema de profundidad enorme y por lo tanto el incluirlos nos desviaría de nuestro objetivo: el comprender las premisas que las culturas del lejano oriente tienen en común y que forman la esencia de su cosmovisión. Para lograr encontrar dichos conceptos es necesario ahondar en el sistema filosófico y verlo cómo un todo; tomar las diferentes religiones cómo el Budismo, el Taoísmo y el Zen, para ir trazando paralelos y dejando atrás la “forma” específica y llegar a un estado único como si estuvieras viendo porno gratis.

Maya.
Este es quizá el concepto más importante de toda la filosofía oriental, pues de él se derivan la gran mayoría de las ideas del pensamiento Budista, Taoísta y Zen. Para estas tres corrientes, el mundo es una ilusión, y por lo tanto el iluminado es quien ha logrado ver más allá de la misma.

Maya es una palabra de origen sánscrito que proviene de la raíz mã que significa medir. Por lo tanto, Maya es la ilusión de un mundo medible, en donde las cosas son vistas como entidades separadas unas de otras. Sin embargo, dicha ilusión se encuentra en nuestras mentes, pues nuestros sentidos perciben la realidad del mundo exterior y posteriormente el intelecto la hace encajar en un modelo “simplificado” que nos permite clasificar sus diferentes “componentes”. Este mismo proceso hace posible representarla verbalmente a través de símbolos. De hecho, el rol del lenguaje es fundamental, pues es la forma en que representamos y definimos el mundo. Por su uso, las palabras adquieren tal peso que es difícil ver que en realidad son herramientas para describir nuestra interpretación del mundo.

Un ejemplo clásico de la importancia del funcionamiento de Maya es el de la persona ciega que acaba de obtener el sentido de la vista a través de un procedimiento quirúrgico. Dicha persona debe aprender a vivir con el nuevo sentido que ahora posee. Tiene que educarlo para lograr reconocer las cosas que ve. Si a esta persona se le mostrara una pelota y se le pidiera que identificara la forma del objeto, no estaría en disposición para hacerlo. Sería necesario que la persona tocara la pelota para poder decir: ¡Ah! Este objeto es redondo. Lo que sucedió es que la persona aún no conoce la representación visual para el concepto de “redondo”. De aquí podemos deducir que tanto los nombres de los objetos, como sus propiedades se encuentran determinados completamente por consenso. Partimos de lo que perciben nuestros sentidos y las interpretaciones de nuestras mentes para crear un mapa del mundo exterior al que le agregamos etiquetas que hacen la función de marcos de referencia.

Para ilustrar más claramente este concepto, también se puede utilizar otro ejemplo, el cuál he tomado de Alan Watts. Imaginemos que vamos caminando por un sendero y en nuestro camino encontramos una varita. Ahora nos agachamos para levantarla del suelo. Observamos la varita y nos damos cuenta de que tiene dos extremos; ahora tratemos de arrancar uno de los extremos. Inmediatamente nos damos cuenta de que solo tenemos más varitas… ¡y más extremos! De hecho, no importa cuantas veces intentemos eliminar el extremo, nunca lograremos extirparlo de la varita. ¿Por qué? Por que el extremo es un concepto que existe solamente en nuestra mente y nos ayuda a delimitar lo que es la ramita, de lo que no lo es. El extremo no existe, solo la vara.

Este es un concepto de profundas implicaciones y nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza de nuestro mundo. Por ejemplo, ¿qué pasa con las unidades de medición? Si las consideramos cómo lo que son, herramientas para describir el mundo, podría pensarse del mundo como un lugar caótico. Es importante que no confundamos el mapa con el territorio, que nos demos cuenta de que el orden que percibimos (y utilizamos en la construcción de modelos científicos y matemáticos) es una creación abstracta. Una especie de rejilla cuadriculada que nos ayuda a ubicarnos. Si llevamos el concepto de Maya más allá, nos lleva a cuestionarnos sobre nosotros mismos. ¿Realmente existe una sección “conciente” y una “inconsciente”? ¿Es el ego es una entidad tangible, o simplemente un concepto que forma parte de una teoría de nosotros mismos?

Avidya.
Este termino proviene del hinduismo y en su esencia significa Ignorancia. El tipo de ignorancia al que se refiere es la creada por vivir dentro de Maya y, por lo tanto, creer que vivimos en un mundo de “cosas separadas”. En otras palabras, se trata de ignorar que nuestra percepción de la realidad es una proyección de nuestro interior y se encuentra definido, entre parte, por el condicionamiento social al que somos expuestos desde pequeños.

La Ignorancia lleva como consecuencia un estado de continua aflicción, resultado de la frustración de no lograr lo que deseamos. Un ejemplo de esto son las situaciones de ambivalencia en las que nos encontramos algunas veces. Cuando esto sucede, debemos decidir entre lo que queremos hacer y lo que debemos hacer. Corazón contra razón; deseo contra obligación. El estrés causado por esta situación es la motivación que se encuentra tras la afirmación del Buda de que “la vida es sufrimiento”.

Juntos, Maya y Avidya forman la prisión del ser humano, quien vive aferrado a su percepción de la realidad, cuando ese mundo existe solamente en su intelecto. Para los orientales, escapar de esta condición (conocida como Samsara en el Budismo) es el objetivo de la vida.

Estos dos conceptos, también pueden considerarse como la idea fundamental tras del T’ai Ch’i Tu, que representa las fuerzas del Yin y el Yang. El T’ai Ch’i Tu es representado generalmente por un círculo mitad blanco y mitad negro, que tiene un punto blanco dentro de la mitad negra y un punto negro dentro de la mitad blanca. Es usado para simbolizar la relación dinámica que existe entre los opuestos.

Para quien vive en Maya, el mundo es en esencia bipolar, y es imposible escapar de esa dialéctica. Para ellos, el mundo se compone de una interminable secuencia de causa y efecto en donde las respuestas solo conducen a más preguntas. El T’ai Ch’i Tu nos muestra que tal dualidad no existe pues ambos, blanco y negro, son caras de la misma moneda.

Li.
Esta es una palabra de origen chino, que se refiere a los patrones que se encuentran en la naturaleza. No se refiere a los patrones lógicos de causa y efecto que pueden ser representados en forma lineal, sino a la multitud de eventos interdependientes que suceden para darle a las cosas su forma actual. Algunos ejemplos citados comúnmente son la espuma de una ola en el mar o las vetas de una pieza de mármol. Por ejemplo, existe una enorme cantidad de variables que determinan la forma que tendrán los anillos de los troncos de los árboles, al mismo tiempo, su presencia altera las condiciones que los formaron. Para el oriental existe un patrón, pero simplemente es tan complejo que no es posible expresarlo de forma tradicional (por ejemplo, en la forma de sistema matemático). Esto es lo que hace de éste un concepto tan importante pues es la base de la concepción oriental de la naturaleza y todas sus criaturas. Las piedras tienen Li, las nubes tienen Li y por supuesto el Hombre tiene Li. Se puede decir que el Li de cada individuo es lo que hace su personalidad única y compleja.

Podría intuirse que, para el hombre, este principio no se manifiesta mas que en la forma de una gran confusión. Sin embargo, el pensamiento oriental afirma que es posible discernir el orden (Li) de la naturaleza por medio de una silenciosa observación. No solo prestando atención a los componentes de las cosas, sino a todo el objeto y su relación con su medioambiente. Esto solo puede suceder cuando la mente deja de lanzar sus redes al aire en un intento por atrapar el porno del mundo y solamente se dedica a “observarlo”.

Tzu-Jan.
Tzu–jan es una palabra de origen chino generalmente traducida como “Naturaleza”. Sin embargo, su connotación nos sugiere más: Tzu–Jan se refiere a la espontaneidad de todos los elementos de la naturaleza, animados e inanimados. Para ejemplificar Tzu–Jan, los orientales utilizan la imagen de una rosa abriéndose. Su sencillez, su manera “incalculada” de abrirse expresa como en su ambiente natural las cosas suceden por sí mismas, siempre creciendo desde adentro. Esto nos lleva a la primera premisa que define esta visión de la naturaleza: las cosas no suceden por una razón específica. No existe la percepción de causalidad característica del mundo aristotélico. En cambio, encontramos un sistema en el que todas las cosas crecen simultáneamente y existen solo por su relación con todas las demás. Recordemos, en esta perspectiva del mundo, las relaciones causales (por ejemplo: las serpientes poseen veneno “para” cazar a sus presas) son solo proyecciones de lo que hay dentro de nosotros, y por lo tanto no son interpretaciones completamente validas para el mundo.

El resultado de conjugar Li y Tzu – Jan es una concepción de la naturaleza en donde las cosas se dan de forma espontánea, sin una causa definida para cada efecto, en su lugar, encontramos una gran telaraña de relaciones dinámicas. Esto tiene importantes consecuencias, puesto que desafía todo el sistema de razonamiento al cual estamos acostumbrados. Al negar la existencia de relaciones causales lineales, es muy fácil percibir el universo como un espacio amorfo y desordenado. A quien se siente así, el oriental no puede evitar preguntarle: ¿por qué debe haber un orden y una forma? La respuesta es sencilla: necesitamos un orden y una forma para comprender nuestro entorno. Lo cual nos debe llevar a preguntarnos si ese orden y esa forma son propiedades inherentes al mundo, o propiedades que le hemos impuesto, como las coordenadas a un mapa.

Wu-Hsin.
Esta palabra china es la respuesta al cuestionamiento: ¿cómo puedo actuar de forma congruente a la naturaleza y hacer las cosas sin forzarlas? Literalmente Wu-Hsin significa “sin corazón”, pero una traducción más adecuada sería “sin mente”. Ésta, es una actitud donde olvidamos nuestra “conciencia”, esa parte de nosotros que intenta tener el control de todas nuestras acciones, para simplemente poner las manos a la obra y hacerlo. Teóricamente, las personas que logran dicho estado mental, pueden visualizar la ruta que requiere el mínimo esfuerzo para realizar las tareas. Aunque lo parezca, el actuar “sin mente” no significa actuar de forma irresponsable, apresurada o cubriendo solamente los mínimos requisitos. En éste caso, mínimo esfuerzo se refiere a no forzar la situación. Ésta es la esencia de Wu-Hsin: realizar nuestras tareas de forma completa, sencilla y sin usar más empeño del necesario.

La vida diaria se encuentra llena de sencillos ejemplos de esto. A continuación expongo uno que puede sonar familiar a las personas que habitan cerca de la playa: supongamos que nos encontramos nadando en una playa. Súbitamente sentimos que nos alejamos de la orilla más de lo que deseamos. ¡Hemos sido atrapados por una corriente! Ante la sensación de peligro inminente reaccionamos precipitadamente e intentamos nadar hacia la playa y hacia la seguridad. Sin embargo, la fuerza del océano supera fácilmente la nuestra y tarde o temprano terminamos por entregarnos al cansancio. Nadar en contra de la corriente no nos ha llevado a ningún lado. Pero si en lugar de nadar en contra de la corriente, de forma transversal a la playa, lo hacemos de forma paralela a la orilla, descubriremos que es facil escapar de la corriente y ahora nuestros esfuerzos por llegar a tierra serán más fructíferos. La forma adecuada de escapar de la corriente puede no parecer obvia en un principio. Y el tomarnos un momento para pensar sobre cuál es la mejor línea de acción mientras la corriente nos aleja de la orilla puede, al parecer, tener consecuencias trágicas. Sin embargo, como vimos en el ejemplo, ese instante que utilizamos para observar la situación puede significar una gran diferencia.

Para actuar de acuerdo a Wu-Hsin, es necesario que la mente, la conciencia de uno mismo, no interfiera en el proceso de percepción. De no ser así, sería imposible mantener el equilibrio y terminaríamos echándolo todo a perder. Un clásico ejemplo de esto es cuando estamos haciendo algo con cierto grado de complejidad, cómo mantener en equilibrio un objeto y cuando alguien nos dice: “¡eres bueno haciendo eso! ¿cómo lo haces?” ya no podemos mantener el equilibrio y el objeto se nos cae. Mientras manteníamos el objeto en equilibrio realizábamos inconscientemente muchas tareas al mismo tiempo. Sin embargo, cuando se nos fuerza a pensar en ellas para llevarlas a cabo concientemente, somos incapaces de realizarlas.

Satori / Nirvana / Moksha / Wu
Un concepto universal en esta filosofía es el de la “Iluminación”, que es el objetivo de la filosofía oriental en sí. Consiste en ver más allá de la ilusión y por lo tanto obtener una comprensión completa de nuestra realidad. Existen muchas prescripciones para adquirir la denominada “liberación”; algunas son tan disímiles que parecen ser completamente opuestas. En este aspecto, el pensador oriental es muy cuidadoso de no caer dentro de las trampas de la dialéctica de Maya. En lugar de designar la iluminación como un estado sobrenatural, afirma que la verdadera iluminación se obtiene cuando la persona deja de buscarla y comienza a vivir su vida de forma sencilla, siendo ella misma y comportándose de forma espontánea. Por decirlo de otra manera, la persona deja de verse como una entidad separada del resto de su entorno. Entonces es cuando el individuo se “desvanece” para convertirse en parte de la naturaleza. Para ponerlo de otra forma, la persona deja de verse como algo diferente de su entorno detiene sus intentos por controlarlo.

Se dice que “antes de estudiar zen, los ríos son ríos y las montañas son montañas. Durante el estudio del zen, los ríos dejan de ser ríos, y las montañas dejan de ser montañas. Pero al final del camino, cuando uno termina de estudiar zen [y obtiene la iluminación] los ríos vuelven a ser ríos y las montañas vuelven a ser montañas”. Este dicho japonés, aunque aparentemente redundante, encierra las premisas básicas del pensamiento oriental con respecto a la iluminación: 1) al principio, la mente no contiene ningún modelo del mundo y por lo tanto se actúa de forma natural; 2) cuando somos concientes del funcionamiento de Maya y Avidya, nos damos cuenta que nuestros mundos son solamente proyecciones de nuestro interior; 3) el final del proceso es una especie de regreso al estado natural, en donde silenciamos las voces de nuestro interior para hacer lo que siempre hemos hecho, pero con la conciencia de que la inconciencia (Wu-Hsin) es la mejor forma de estar conciente.

¿Cómo obtener la iluminación? Anteriormente se dijo que dentro de la filosofía oriental, existen varios “caminos” hacia ella. Si bien los detalles de cada una de las doctrinas difieren, todas tienen algo en común: la necesidad de aplacar la mente y la autoconciencia. Ya sea a través de la meditación profunda o a través del ejercicio del koan, el objetivo siempre es aplacar la avalancha de ideas, demostrando que la realidad no puede ser capturada por el intelecto. El ejercicio del koan ejemplifica esto perfectamente. Un koan es un método de estudio muy utilizado en algunas corrientes de Budismo porno. Consiste en una pregunta o frase aparentemente falta de sentido cuyo objetivo es hacer que el estudiante de Zen trate de resolver este “acertijo” hasta entrar en un estado de completa fatiga. Al llegar a éste punto, la mente se encontrará lista para entrar a un estado receptivo que le permita comprender el significado del koan y lograr la Iluminación.

Cómo podemos ver, la filosofía oriental es una filosofía de vida, un sistema que explica el estado del hombre, su relación con la naturaleza y como ha de actuar si es que desea liberarse de su prisión. En éste modelo, Maya y Avydia representan la condición humana: la forma en que vamos por la vida inconscientes de nuestra ignorancia. Li y Tzu-Jan representan el escenario en donde nos desenvolvemos y explica la situación del hombre en su entorno. Para lograr la comunión con nuestro entorno, la filosofía oriental nos presenta el camino de Wu-Hsin. Camino que nos permite llegar a la Iluminación: completa aceptación del mundo y de nosotros mismos.

¿Por qué se a definido esta guía como inservible? Esta guía, escrita con el propósito de servir como una introducción a los conceptos considerados clave del la filosofía oriental, constituye un modelo y, como todo modelo, es una representación incompleta de la realidad. Creer que por conocer el modelo, conocemos el objeto es cómo decir que conocemos una región en la que nunca hemos estado solamente porque hemos visto una fotografía; es como comerse el menú en vez de la cena; es, en pocas palabras, caer victima de Maya.

Para comprender los conceptos aquí descritos es necesario tener más que un conocimiento intelectual, es preciso conocerlos también a nivel intuitivo, hay que entenderlos con todo nuestro ser. Como lo expresaría un maestro de zen: es necesario sentarnos y observar cuidadosamente el suave batir de las hojas cuando el viento sopla. Tranquilamente, sin tratar de deducir nada o forzar nuestra mente a explicar lo que sucede. Cuando nuestra mente guarde silencio y escuchemos el susurro de las hojas la gran ilusión cesará y el mundo en el que habitan todas las cosas desaparecerá con el porno xxx.