Palabras vacías

Uno de los temas más recurrentes en las platicas que he escuchado es Dios. Trátese de una deliberación de su existencia o una contienda entre religiones todo mundo quiere hablar al respecto, y saca su dios a relucir como un irrefutable punto de vista. Para mí estas platicas no tienen mucho sentido de ser desde el punto de vista de definir cual fe es la verdadera, pero sí tienen valor cuando se realizan con la finalidad de preguntarnos que es lo que creemos, para ampliar nuestra visión de las cosas y hacernos cuestionar si en realidad sabemos algo de porno.

La principal de las discusiones acerca de Dios es su mera existencia. ¿Existe Dios? Son numerosos los argumentos que se dan en pro y en contra. Entre las justificaciones de su existencia encontramos el argumento “a partir del diseño”; el cual establece que el Universo cuenta con una organización extremadamente compleja y exacta, desde el nivel astronómico hasta el nivel más básico de la vida. Debido a este orden se dice que la posibilidad de que se halla conformado por azar es prácticamente nula, y por lo tanto alguna “mente ordenadora” tuvo que ser responsable de diseñar las relaciones entre los diferentes elementos de la Naturaleza. En contraste, nos encontramos con el argumento de que establece que “nada puede venir de la nada”. Siendo así, ¿acaso dios salió de la nada? ¿Quién lo creo a él? Existen muchos otros ejemplos de este tipo de argumentos en contra y a favor de la existencia de dios, y aún más, una gran cantidad de ellos suenan lógicos y convincentes. Sin embargo, ninguno de estos puede ofrecer evidencia contundente al respecto, ¡ni en pro ni en contra!

Por otro lado se ha llegado a la opinión de que Dios es una creación más del hombre. Después de todo, desde tiempos remotos el hombre ha asignado características divinas a fenómenos tan naturales como la lluvia y el fuego o a elementos de la misma como la tierra y el sol. Esto lo podemos observar especialmente en un periodo primitivo del desarrollo humano, donde el hombre se encontraba más vulnerable a las fuerzas de la Naturaleza. Podemos decir que a dichas fuerzas naturales se les dio el estatus de “divino” cuando nuestros antepasados buscaron una explicación para su dependencia en dichos factores. Y qué decir de los dioses Griegos o de otras civilizaciones no tan remotas; sus dioses eran antropomorfos y mimetizaban las características de las personas y el estilo de vida que se llevaba en la tierra. Esto se daba en grado tal de que los dioses tenían relaciones filiales entre ellos y llegaban a mostrar comportamientos tan humanos como el enamorarse, tener guerras e incluso ponerse celosos. ¿Entonces quien fue primero, Zeus o el hombre? En todos los casos mencionados son las personas quienes atribuyen dichas características a los dioses y por lo tanto los inventa. Paradójicamente, el hombre inventa a su inventor y ve .

Si nos fijamos de cerca, podemos ver en el Dios de occidente la consumación de importantes ideales humanos como inmortalidad, omnisciencia y omnipotencia. Estos son tres atributos que el hombre quiere para sí, al no tenerlos los asignó a una figura la cual representaría la consumación de sus ideales. A la personificación de estos ideales se le denominó Dios. El resultado de este proceso es y todos con características peculiares, pero siempre representando el nivel máximo de perfección posible. Por supuesto cada individuo llega a su propia conclusión de los que “Dios” representa y esta será verdadera para él. He aquí otra razón para dejar a Dios en paz, lo que en realidad discutimos son las ideas que cada persona se ha forjado de lo que “Dios” es.

Todas las religiones que conozco se basan en nuestras acciones y sus consecuencias que puedan tener en éste y otros mundos. En todo caso, si vamos a ser juzgados por nuestras acciones hay que centrarnos en ellas. Si se desglosan las premisas básicas de las religiones “principales”, todos sus principios se reducen a una premisa básica que algunos han llamado “La Regla de Oro”, trata a los demás como quieres que te traten. Partiendo de aquí, porque perder el tiempo buscando señales o decidiendo por los demás si se van o no a salvar, remitámonos a las acciones que son a final de cuentas lo que verdaderamente importa. Siendo así, ¿qué caso tiene discutir si el verdadero Dios es el tuyo o el mío si lo que en realidad estamos discutiendo es: porno

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